Tag Archives: Roles de género

#Gordofobia

27 Nov

Por Barbijaputa, publicado por eldiario.es

gordofobia

Un cuadro de Botero. EFE.

Hace unos días, un hastag llamado #GordasNoPuedenSerFelices se convertía entrending topic mundial en Twitter. Los allí reunidos hacían chistes sobre gordas (que no gordos), las humillaban y explicaban por qué una mujer con sobrepeso no puede llegar a ser feliz.

Para empezar, parece que la sociedad no tiene muy claro qué es ser gorda. Ayuda a esta confusión el hecho de que para los hombres se usa otra vara de medir (incluso a los hombres con una buena panza se les llama “fofisanos”) o el que las pasarelas sigan siendo el púlpito donde diseñadores de todos los colores y estilos siguen subiendo, desde hace décadas, a mujeres extremadamente delgadas y nada representativas de la sociedad real. Si a esto le unimos que es imposible encontrar un anuncio en el que una mujer no haya sido retocada y estilizada con photoshop, ya tenemos el cacao maravillao ideal.

La mujer, a lo largo y ancho del mundo, ha de ceñirse a los cánones de belleza del patriarcado si no quiere convertirse en objeto de mofa y ver afectada su autoestima. Y ceñirse a los cánones de nuestras sociedad se convierte en una auténtica pesadilla cuando vemos que hasta Cristina Pedroche puede llegar a sufrir linchamiento por su peso. No sólo eso, sino que en una entrevista con Risto Mejide, éste le hizo una pregunta acerca de aquella polémica (donde la habían apodado la “Ballena de Vallecas”): “¿Estás gorda?”, poniendo a prueba su seguridad en sí misma delante de toda España. “Para mí, no”, dijo ella. “Para mí”. La gordura ha pasado a ser algo completamente subjetivo. Cualquier mujer puede estar gorda. Absolutamente cualquiera. Con todo lo que esto conlleva: humillación, discriminación, no aceptación ni social ni propia, inseguridad, vergüenza, etc. Hasta tal punto se ha normalizado esto que se ve como algo aceptable que un hombre pregunte en prime time a una mujer como Pedroche si está o no gorda.

Pero el patriarcado no dictamina lo mismo en todos sitios. En otros lugares, como Mauritania, por ejemplo, lo que le gusta a los hombres y, por tanto, lo que hay que conseguir como sea, es estar gorda. Allí, la humillación y la vergüenza la pasan las delgadas. Tanto es así que existen “granjas de engorde” para cebar a niñas y adolescentes, y que sea así más fácil encontrarles marido.

Allá donde vayamos o miremos, todo lo relacionado con el cuerpo de la mujer gira en torno a los deseos del hombre heterosexual. Y las mujeres han de someterse a ellos, haciendo todo tipo de sacrificios para encajar en ellos si no quieren ser excluidas socialmente. A lo largo de la Historia hay ejemplos maquiavélicos como las mujeres jirafa en Tailandia, los pies vendados en China, el engorde a la fuerza en granjas de Mauritania o la escualidez obligatoria en Occidente, que lleva décadas provocando trastornos alimenticios en adolescentes.

Realmente no se trata de que las #GordasNoPuedenSerFelices, que por supuesto pueden serlo, se trata de que se les pone más obstáculos para ello. Una gorda representa una persona que está desafiando las reglas estipuladas por el patriarcado, que no está teniendo en cuenta que puede herir la sensibilidad del hombre cuando la mira. Por eso son parias, por eso han de avergonzarse de sí mismas, ¿qué se han creído? Porque al hombre, ya sea flaco o fofisano (que eso es lo de menos en su caso, porque muy gordo ha de estar un hombre para que se le excluya socialmente), lo que le gusta es lo que le han enseñado que es bello: mujeres estilizadas con photoshop, sin muslos, con las clavículas marcadas.

El problema no está en nosotras, ni españolas ni mauritanas. Está en el patriarcado y en la concepción de que el cuerpo de la mujer existe para el consumo masculino o no existe. El ideal de belleza está diseñado sobre esa premisa, por eso es imposible encontrar a una mujer “perfecta” en la calle, porque hemos llegado a un punto en que necesitamos de lo digital para conseguirla. Y aun así, siempre habrá alguno que diga: “A mí me gustaría un poco más delgada”.

FUENTE: http://www.eldiario.es/zonacritica/gordofobia-barbijaputa_6_477412285.html

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#GéneroyPoder

31 Jul

Publicado en eldiario.es, Sección Zona Crítica, bajo el título “Vuelve el machismo”, por Rosa María Artal.

  • Han vuelto los culos a toda pantalla, síntoma del regreso de la barra libre para usar y minimizar a la mujer. En las elecciones catalanas el número de mujeres se ha reducido al 38,5%.

La foto del poder cambia algún elemento pero siempre es masculina

El 80% de los catedráticos de universidad son hombres, aunque es mayor el número de licenciadas que de licenciados. Más del 70% de los periodistas somos mujeres y ninguna dirige o ha dirigido un periódico de tirada nacional y son escasas las jefas de sección. Los consejos de administración de bancos y grandes empresas siguen ocupados por una mayoría abrumadora de hombres. En este punto compartimos honor con el resto del mundo.  Salvo en Noruega que cuenta con un 42% de mujeres en los órganos de dirección de las empresas, la media europea es del 11%. La foto del poder nos muestra siempre a un grupo de hombres con traje rigurosamente oscuro.

A este panorama ya conocido y sedimentado, se añade en España un intenso recrudecimiento del machismo. Han vuelto los culos a toda pantalla –se diría que hasta para vender estufas o gorros de playa–  como síntoma del regreso de la barra libre para usar y minimizar a la mujer. En las recientes elecciones al Parlament de Catalunya el número de mujeres se ha reducido al 38,5%, desde un 40% que tampoco era para tirar cohetes.

A quien se atreva a señalar los privilegios del machismo y defender la igualdad que busca el feminismo le caen insultos y hasta amenazas, como le ocurre a la colaboradora de eldiario.es que firma como Barbijaputa. La visceralidad en este punto, la agresividad, evidencia que mantener la discriminación por razón de presunta superioridad, se sitúa entre lo más sagrado o valioso. Tenemos un problema, va en aumento, a velocidad acelerada, y hay que hablarlo.

La crisis económica y la involución ideológica que vivimos se ha traducido en un aumento de la desigualdad en todos los niveles y explica este aumento del machismo, de esa brecha de género. En él, los medios de comunicación juegan un papel decisivo como vehículo que, a la vez, potencia el modelo.

Aquellos maridos de la publicidad en blanco y negro arrellanados en el sofá que decidían sobre lavadoras cuando ni pensaban darle en toda su vida al botón del encendido siguieron en activo mucho más tiempo del que creemos. Hasta hace apenas dos décadas continuaban siendo voces masculinas las que aconsejaban en los anuncios las bondades de cualquier producto. Invariablemente. La voz de la autoridad en todas las materias. Cuando ya dejaron piar a las mujeres, la publicidad continuó reforzando los papeles tradicionales de uno y otro: el hombre triunfador y la mujer complementaria. El que, en casa, intenta “ayudar” a su compañera. La mujer, joven y muy delgada, incluso para, cuando toca ese perfil, mostrar el culo –cada día más huesudo– en pantalla. Últimamente también usan los de los hombres como señuelo, si se puede igualar a la baja no se plantean dudas.

Con más de un 70% de periodistas y más de un 60% de licenciadas en distintas especialidades, han regresado las tertulias y debates pobladas de hombres y nada más que hombres. En esa progresión sin pausa desde hace tiempo, durante la noche electoral catalana no había ni una mujer en la mesa de La Sexta y Antena 3. Presentadoras o políticas, sí; como comentaristas no. También viene de lejos.

La opinión fue cosa de hombres hasta hace muy poco tiempo. Con una desproporción descomunal. Prácticamente solo Maruja Torres, Soledad Gallego-Díaz, Rosa Montero, con Julia Otero manteniendo el tipo en la radio, y muy pocas más, lograron el derecho a escribir de “asuntos serios”. Porque en cuanto te daban la oportunidad –ese raro lujo que ciertamente pocas disfrutaban y disfrutan- y te salías del temario “igualdad hombre/mujer”, “la edad” o similares, venían los retrasos en la publicación, hasta llegar al fin de las colaboraciones.

Y en cierto modo sigue la tendencia. Columnas enteras de solo hombres, con opiniones sin duda valiosas, aunque cuesta creer que sean casi los únicos que pueden aportar ideas. Incluso este diario que incorpora un número infrecuente de mujeres ofrece a veces esa desproporción. En otros medios el porcentaje femenino no debe llegar ni al 5%.

Cuando se trata de aportar argumentos en reportajes y noticias, si hay un hombre disponible para entrevistar siempre es preferido. La discriminación lo es a favor del hombre. Con excepciones: si se habla de la educación de los niños o de salud, belleza y moda, ahí sí encuentran que hay más mujeres “expertas”. ¿Cuántas economistas salen a opinar con pizarra o sin pizarra? ¿Cuántas investigadoras, abogadas o juezas?

Había comenzado a cambiar. La Ley de Igualdad efectiva entre mujeres y hombres de Zapatero en 2007 –tan vapuleada por la derecha-, su trabajo en ese sentido desde el primer día, tuvo alguna influencia, como ha sucedido en otros países (Noruega, por ejemplo). Trajo no solo un mayor número de mujeres a órganos de decisión, sino que se aceptara su presencia. Una pica en Flandes hablando de España. Eran, además, mujeres; fuera del modelo tradicional de políticas con testosterona. Como reacción, nacieron también las “feminazis”, el término que regaló a las mujeres defensoras de la equidad el afamado escritor Arturo Pérez Reverte. Pero hemos vuelto atrás y el machismo gana de nuevo la partida.

Está pasando factura. Si cualquier colectivo tuviera en su seno un balance de 700 personas asesinadas en la última década, como ocurre con las mujeres, se hubiera paralizado el país.

Cada vez son más las noticias y estudios que alertan sobre el agravamiento de las actitudes machistas incluso desde la adolescencia. El control de la pareja, el imponerle con quién puede hablar o qué puede hacer, impedir que vea a sus amigas, son ya prácticas frecuentes. Las chicas tienden a revisar el móvil de ellos más que al revés, aunque lo están haciendo en un gran número todos ellos. Las agresiones tampoco faltan. La creencia de que todo esto ocurre porque “las quieren”. En una reciente encuesta, el 59,4% de los adolescentes consultados pensaban que “el chico debe proteger a su chica”. Y que ellos tienen más necesidad de sexo. Han retornado hasta las “chicas duras”, frente a las “fáciles”.

Estos jóvenes están evidenciando una desoladora inseguridad, un peligrosísimo desconcierto, fruto de la crisis social que padecemos. De la debacle social que se enmascara entre globos de colores. Y en la que hombres y mujeres parecen mirar hacia otro lado obviando problemas de enorme envergadura que les afectan y marcarán su vida.

Soy de quienes se empecinan en pensar que las mujeres somos personas. Y que si una mujer está en el poder obrará como ella sea, porque tan mujeres son Ada Colau y Manuela Carmena, como Esperanza Aguirre y Dolores Cospedal y con eso está dicho todo. Pero las mujeres somos algo más de la mitad de la población. Mayoría, en numerosas especialidades ya. Se está ofreciendo un mundo parcial y mutilado. Y tenemos derecho a toda la voz que nos corresponde y a todos los derechos inherentes al ser humano.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Vuelve-machismo_6_436816336.html

Y en El Salvador, hay alguna diferencia en la representación de género en el poder?

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