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#Machismo-Terrorismo03

11 Dic

Por Isabel Muntané  – Periodista y codirectora del Master Género y Comunicación (UAB), publicado por eldiario.es

El terrorismo se estructura a partir de una violencia diseñada para generar dinámicas sociales de terror en determinados grupos de víctimas y que afecta a la integridad psíquica y física de estas personas.

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Naciones Unidas intentó consensuar una definición de terrorismo en 1972 sin conseguirlo. Desde entonces, todos los intentos de la comunidad internacional para llegar a una definición de conformidad sobre qué significa terrorismo han tenido por denominador común el fracaso. Posiblemente por las múltiples connotaciones que esta palabra aporta y por el temor a las reacciones de aquellos que pueden ser incluidos como sujetos activos de esta categoría lingüística y política. Son muchas las definiciones parciales de terrorismo, pero todas ellas hablan de terror, violencia, fuerza, política, amenazas, alarma social, efectos psicológicos… Tomamos tres definiciones de las muchas posibles. Así, terrorismo, según la RAE, es “la dominación por el terror”; “la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror” y la “actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.” Oxford Dictionary lo define como “el uso no oficial o no autorizado de la violencia y la intimidación para la consecución de objetivos políticos” y el Duden alemán habla de “las actitudes y comportamientos, que tienen como objetivo [político] cumplir objetivos mediante el terror”.

Partiendo de estas definiciones podemos entender que el terrorismo se estructura a partir de una violencia diseñada para generar dinámicas sociales de terror en determinados grupos de víctimas y que afecta a la integridad psíquica y física de estas personas. Y que el terrorismo se ejerce con el objetivo de imponer unos determinados valores y obtener unos resultados políticos y sociales que se corresponden a una ideología. Así, si las características atribuidas al concepto de terrorismo son, entre otras, violencia directa, generación de terror y alarma social, intención política e imposición ideológica ¿por qué no hablamos de terrorismo machista?

¿No entendemos que el patriarcado es un sistema de dominación? ¿No entendemos que el machismo es la base ideológica de la organización política del patriarcado? ¿No entendemos que el machismo es una sucesión de acciones violentas, persistentes en el tiempo, para infundir terror? ¿No entendemos que este terror es su herramienta de dominación? ¿Una herramienta para imponer su orden y mantener su poder? ¿Para provocar miedo intenso en la mujer? ¿Los hombres machistas no ejercen la máxima intimidación para mantener sus privilegios sociales y políticos? ¿No entendemos que la máxima violencia machista es el asesinato de las mujeres por el hecho de ser mujeres? Si entendemos todo esto también entendemos que el machismo es una ideología por qué se define por un conjunto de ideas que lo caracteriza, todas ellas basadas en la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer y sobre toda persona que se aleja del modelo hombre. De forma que esta ideología, que toma el sexo como categoría social impregnada de política, tal y como la definía Kate Millet, se corresponde con el pensamiento de una colectividad, los hombres machistas, y es un pensamiento que impregna todos los ámbitos de la vida con el objetivo de controlar y someter a sus parámetros políticos las mujeres y todas aquellas personas distintas al modelo de hombre impuesto como hegemónico.

¿No entendemos que el patriarcado es un sistema de dominación? ¿No entendemos que el machismo es la base ideológica de la organización política del patriarcado?

Sin esta violencia, posiblemente, el resto de instrumentos del patriarcado no serían tan eficaces porque la fuerza de la violencia es un instrumento de intimidación constante que impone el miedo y el terror paralizante para mantener su orden y poder. O también, como dijo recientemente Miguel Lorente, el machismo que radica en la cultura y la violencia normalizada por la propia cultura actúa para restablecer “el orden perdido” y para castigar. Por ello podemos decir que los hombres machistas maltratan y matan por un sistema de ideas y representaciones políticas. Y también podemos decir que el terrorismo machista y el político tienen muchos elementos en común. Entonces, ¿por qué nos da tanto miedo hablar de terrorismo machista?

Sabemos que el lenguaje construye la realidad y, a veces, sus consecuencias pueden ser imprevisibles, o tal vez porque son muy previsibles evitamos nombrar las cosas por su nombre. Si consideramos que la intimidación, el maltrato y el asesinato de las mujeres y de todas aquellas personas que no cumplen con las normas de sexualidad y de género impuestas desde el patriarcado es terrorismo machista, estaremos torpedeando la base del patriarcado. Estaremos admitiendo que estos actos tienen un alcance político que ahora mismo se les niega. Porque dar esta categoría es admitir que las vejaciones y agresiones sexuales, las violaciones, los feminicidios, los crímenes por homofobia, lesfobia y transfobia son acciones públicas con dimensión social y política. Es admitir también la dimensión estructural de estas violencias y por tanto requeriría de una intervención social y política, una intervención de Estado, que ahora se niega. Mientras no digamos las cosas por su nombre estaremos negando su existencia y, en consecuencia, su solución. Pero por muchas vueltas de tuerca que demos al lenguaje, la realidad social que sufrimos las mujeres diariamente no es más que la demostración contundente de como la ideología machista busca perpetuarse a través de la violencia física, psíquica y verbal. Es terrorismo machista. Dejémonos de eufemismos y digamos las cosas por su nombre.

FUENTE: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Dejemonos-eufemismos-terrorismo-machista_6_476712335.html

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#Gordofobia

27 Nov

Por Barbijaputa, publicado por eldiario.es

gordofobia

Un cuadro de Botero. EFE.

Hace unos días, un hastag llamado #GordasNoPuedenSerFelices se convertía entrending topic mundial en Twitter. Los allí reunidos hacían chistes sobre gordas (que no gordos), las humillaban y explicaban por qué una mujer con sobrepeso no puede llegar a ser feliz.

Para empezar, parece que la sociedad no tiene muy claro qué es ser gorda. Ayuda a esta confusión el hecho de que para los hombres se usa otra vara de medir (incluso a los hombres con una buena panza se les llama “fofisanos”) o el que las pasarelas sigan siendo el púlpito donde diseñadores de todos los colores y estilos siguen subiendo, desde hace décadas, a mujeres extremadamente delgadas y nada representativas de la sociedad real. Si a esto le unimos que es imposible encontrar un anuncio en el que una mujer no haya sido retocada y estilizada con photoshop, ya tenemos el cacao maravillao ideal.

La mujer, a lo largo y ancho del mundo, ha de ceñirse a los cánones de belleza del patriarcado si no quiere convertirse en objeto de mofa y ver afectada su autoestima. Y ceñirse a los cánones de nuestras sociedad se convierte en una auténtica pesadilla cuando vemos que hasta Cristina Pedroche puede llegar a sufrir linchamiento por su peso. No sólo eso, sino que en una entrevista con Risto Mejide, éste le hizo una pregunta acerca de aquella polémica (donde la habían apodado la “Ballena de Vallecas”): “¿Estás gorda?”, poniendo a prueba su seguridad en sí misma delante de toda España. “Para mí, no”, dijo ella. “Para mí”. La gordura ha pasado a ser algo completamente subjetivo. Cualquier mujer puede estar gorda. Absolutamente cualquiera. Con todo lo que esto conlleva: humillación, discriminación, no aceptación ni social ni propia, inseguridad, vergüenza, etc. Hasta tal punto se ha normalizado esto que se ve como algo aceptable que un hombre pregunte en prime time a una mujer como Pedroche si está o no gorda.

Pero el patriarcado no dictamina lo mismo en todos sitios. En otros lugares, como Mauritania, por ejemplo, lo que le gusta a los hombres y, por tanto, lo que hay que conseguir como sea, es estar gorda. Allí, la humillación y la vergüenza la pasan las delgadas. Tanto es así que existen “granjas de engorde” para cebar a niñas y adolescentes, y que sea así más fácil encontrarles marido.

Allá donde vayamos o miremos, todo lo relacionado con el cuerpo de la mujer gira en torno a los deseos del hombre heterosexual. Y las mujeres han de someterse a ellos, haciendo todo tipo de sacrificios para encajar en ellos si no quieren ser excluidas socialmente. A lo largo de la Historia hay ejemplos maquiavélicos como las mujeres jirafa en Tailandia, los pies vendados en China, el engorde a la fuerza en granjas de Mauritania o la escualidez obligatoria en Occidente, que lleva décadas provocando trastornos alimenticios en adolescentes.

Realmente no se trata de que las #GordasNoPuedenSerFelices, que por supuesto pueden serlo, se trata de que se les pone más obstáculos para ello. Una gorda representa una persona que está desafiando las reglas estipuladas por el patriarcado, que no está teniendo en cuenta que puede herir la sensibilidad del hombre cuando la mira. Por eso son parias, por eso han de avergonzarse de sí mismas, ¿qué se han creído? Porque al hombre, ya sea flaco o fofisano (que eso es lo de menos en su caso, porque muy gordo ha de estar un hombre para que se le excluya socialmente), lo que le gusta es lo que le han enseñado que es bello: mujeres estilizadas con photoshop, sin muslos, con las clavículas marcadas.

El problema no está en nosotras, ni españolas ni mauritanas. Está en el patriarcado y en la concepción de que el cuerpo de la mujer existe para el consumo masculino o no existe. El ideal de belleza está diseñado sobre esa premisa, por eso es imposible encontrar a una mujer “perfecta” en la calle, porque hemos llegado a un punto en que necesitamos de lo digital para conseguirla. Y aun así, siempre habrá alguno que diga: “A mí me gustaría un poco más delgada”.

FUENTE: http://www.eldiario.es/zonacritica/gordofobia-barbijaputa_6_477412285.html

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