Hombres, Poder y Estatus. Un análisis de la violencia de género.

4 May

ImagenMichael Kaufman, uno de los veteranos estudiosos de las masculinidades, explica en esta entrevista la opresión que el sistema patriarcal ejerce no sólo desde los hombres hacia las mujeres, sino de los hombres sobre otros hombres. Autor y compilador de varios libros sobre temas de género y estudios de desarrollo, su más reciente obra es The Guy’s Guide to Feminism (La guía sobre feminismo para hombres). También ha sido catedrático en la Universidad York de Toronto, donde fue subdirector del Centro de Investigación para América Latina y el Caribe.

Ernesto Vásquez del Águila y Nata Duvvury*

Por casi 35 años, Michael Kaufman ha sido educador, escritor y activista enfocado al trabajo con hombres y niños para promover la igualdad de género y terminar con la violencia de los hombres hacia las mujeres. Es cofundador de la campaña White Ribbon (“Lazo blanco”), el mayor proyecto a nivel mundial de hombres trabajando para erradicar la violencia en contra de las mujeres.

¿Crees que la violencia de género es diferente a otros tipos de violencia?
Creo que la mayoría de los tipos de violencia son, en realidad, violencia basada en el género, o que al menos tienen una causalidad o componente de género. No es simplemente que la mayoría de la violencia sea cometida por hombres, en contra de otros hombres o mujeres; muy a menudo asumimos que la frase “violencia de género” es un sinónimo para la violencia masculina en contra de las mujeres, cuando también es una descripción de la mayoría de los casos de violencia en contra de hombres.

Cuando exploramos esta violencia, comenzamos a comprender que el patriarcado no es solamente un sistema organizado de hombres que dominan a las mujeres, sino un intricado sistema de algunos grupos de hombres dominando a otros grupos de hombres. La violencia se convierte en una herramienta para mantener el poder, utilizada por algunos hombres sobre otros, así como en una herramienta de resistencia.

Pero la violencia masculina es más que un instrumento para establecer o mantener el poder; es también un mecanismo de compensación. Después de todo, nuestras definiciones hegemónicas de masculinidad son imposibles de alcanzar para cualquier hombre que desee vivir de acuerdo con ellas. El uso de la violencia es una herramienta que algunos hombres utilizan para demostrarse a ellos mismos y a otros que son “hombres verdaderos”. Es una práctica que cimenta sus relaciones de acuerdo con las estructuras de dominación masculina.

La violencia homofóbica explícita también posee este carácter compensatorio y es, definitivamente, violencia de género. Pero creo que, en un sentido más amplio, la mayoría de la violencia casual o reactiva entre hombres y niños mayores es violencia homofóbica. En este sentido, se basa en la actuación y en la negación activa al miedo a otros hombres.

Entonces, para ti, ¿cuál es el rol de la masculinidad en la violencia de género?
Las definiciones hegemónicas de masculinidad incorporan directamente a la violencia como una parte activa fundamental. Nuestras construcciones dominantes de masculinidad se encuentran estrechamente vinculadas con el uso de la violencia, la habilidad y la capacidad de utilizarla, la habilidad para soportar la violencia y el dolor, así como la estoica interiorización de la violencia. Estas dos últimas le proporcionan una calidad masoquista, incluso homoerótica, a la violencia masculina; piensa en la adoración física al héroe de acción cuyo pecho se encuentra cortado y sangrante y que, en un toque encantador, ni siquiera parpadea cuando soporta un salvaje castigo, mientras sólo se permite sentir dolor cuando una bella mujer limpia su herida con un pañuelo húmedo; las atenciones de ella no sólo representan una ganancia para él, sino que permiten al admirador masculino negar cualquier interés sobre el cuerpo del héroe.

¿Qué hay sobre el poder? ¿Cuál es su función en la violencia?
Suscribo la contribución de las académicas y activistas feministas cuando señalan a la inequidad y la representación del poder como motores fundamentales del uso de la violencia masculina. De modo simple: los hombres como individuos o los grupos de ellos han utilizado la violencia como instrumento para mantener el control y el poder. Las masculinidades hegemónicas son una expresión del poder social; es un poder patriarcal a nivel individual. Dentro de esto, la violencia es un medio para reforzar y mantener el poder dentro de las relaciones. Las masculinidades hegemónicas son una encarnación y una expresión viviente del poder y la jerarquía social.

Pero mi trabajo de las tres últimas décadas también ha girado en torno al análisis de una paradoja dentro de nuestras prácticas y construcciones dominantes de masculinidad. Las muchas maneras que han definido al poder son fuentes de gran miedo, dolor, alienación y duda para los propios hombres.

Tan pronto como comenzamos a trabajar con hombres, ya sea como investigadores, activistas o consejeros, descubrimos esta bizarra paradoja en las vidas de los hombres: sí, nuestras vidas están construidas alrededor del poder, pero también alrededor del miedo. Para simplificarlo: este miedo se relaciona con el hecho de no vivir de acuerdo con las expectativas y demandas de la hombría; es un miedo a no ser hombre, sino ser eso que las sociedades patriarcales han venerado y despreciado simultáneamente: una mujer.

Aquí es donde se introduce la violencia. Puede ser utilizada por un hombre como un mecanismo compensatorio. Así, un individuo podría estar usando la violencia de manera simultánea, para mantener el poder y el control en sus relaciones, así como para compensar la sensación de que no tiene el poder y no es un hombre verdadero.

Cuando dices que la violencia es un mecanismo que un hombre utiliza para compensar su falta de poder, ¿no crees que algunas personas pueden verlo como una justificación para la violencia masculina?
Debemos distinguir entre una explicación y una excusa.

Los hombres utilizan la violencia por razones contradictorias, pero ninguna de ellas es una excusa. Como adultos, todos tomamos decisiones. Estas decisiones pueden ser inconscientes; podemos sentir que nuestras acciones están fuera de nuestro control, pero aún estamos tomando decisiones. El hombre que va a casa y golpea a su esposa no decidió golpear a su compañero de trabajo o al vendedor en la tienda. Está tomando decisiones.

Comprender la raíz de sus acciones no es justificarlas o proporcionarle una excusa. Es darnos la herramienta para cambiar verdaderamente el uso de la violencia por parte de los hombres, desafiar los modos en los que las sociedades patriarcales han desarrollado las culturas de violencia, y a ayudar a los individuos a cambiar.

En tu trabajo sobre las experiencias contradictorias de los hombres con el poder dices que, a pesar de que ellos tienen un derecho al poder en nuestras sociedades, sienten que no lo tienen en sus vidas diarias. ¿Cómo resuelves este dilema en tu trabajo con hombres?
Recientemente, mientras me encontraba como panelista en una comisión de la ONU sobre el estatus de la mujer, organizada por el gobierno noruego, surgió la pregunta: ¿Por qué aún existe la violencia masculina en contra de las mujeres en sociedades más equitativas en términos de género tales como las de los países escandinavos? Mi respuesta fue que erradicar la violencia masculina requiere erradicar la inequidad y los privilegios de los hombres, y también transformar la masculinidad, transformar las relaciones de hombres con otros hombres y las vidas de los hombres como proveedores.

Uno podría argumentar que todo esto es, finalmente, lo mismo, y que podría ser resumido como erradicar el patriarcado. Pero significa que debemos ir más allá de un discurso sobre la igualdad de género y que debemos comenzar a hablar sobre una transformación social y personal, la erradicación del patriarcado y el desmantelamiento de nuestras ideas y prácticas en lo relacionado con el género.

¿Cómo te enfrentas a esta contradicción en tu trabajo con los hombres?
Aunque los hombres tienen un poder social relativo y sus privilegios, el patriarcado es, por supuesto, también un sistema de jerarquía y dominación entre hombres. Ellos, como individuos, experimentan formas particulares de opresión y discriminación o aislamiento debido a su clase socioeconómica, su color de piel, su orientación sexual, sus habilidades físicas o falta de ellas, su estatus de migrantes, su edad, entre otros factores. Sobre todo esto, la mayoría de los hombres crecen experimentando violencia y la expectativa de que deben involucrarse en prácticas violentas –cuya totalidad posee implicaciones traumáticas o, al menos, autodestructivas para los hombres.

Así que, aunque es cierto que no son oprimidos “como hombres” (y es importante que nosotros digamos esto en contra de los reclamos de los ideólogos sobre los derechos de los hombres), esto no es más que un detalle académico. Un hombre, como individuo, no separa su experiencia como hombre de su experiencia como blanco o negro, gay o heterosexual, etcétera.

Esto tiene implicaciones prácticas para aquellos que trabajamos como activistas o practicantes. Podremos estar trabajando para desafiar a la violencia masculina o los privilegios de los hombres, pero si realmente vamos a llegar a los hombres que queremos cambiar, si realmente deseamos comprender sus vidas y sus posiciones en la reproducción de las complejidades del patriarcado, entonces debemos guiarnos por la empatía y la compasión: empatía y compasión porque sabemos que todos los hombres se ven afectados por la homofobia (aunque el impacto es variable); porque algunos hombres se enfrentan a formas específicas de opresión y discriminación; porque sabemos del trauma y las heridas que algunos hombres causan a niños y a otros hombres; porque las muchas maneras que han definido y construido el poder masculino en realidad hacen que la vasta mayoría de los hombres se vean a sí mismos como un fracaso.

Hemos decidido hacer lo anterior no sólo porque queremos ser “buenos” (aunque eso no sería algo tan malo). Pero si deseamos que la gente cambie, debemos crear ambientes seguros para el cambio. Si señalamos a los hombres de manera acusadora y decimos “dejen de hacer esto y aquello”, todo lo que haremos será desencadenar una reacción defensiva. Pero si creamos un ambiente seguro y de crecimiento, recreamos las condiciones en las que los niños aprenden.

Sabemos, por los recientes estudios neurocientíficos, que en situaciones de seguridad personal el cerebro de los niños se desarrolla en formas más saludables. De hecho, producimos las hormonas que nos permiten crear patrones neurológicos, mientras que, si nos sentimos amenazados, producimos un flujo de cortisol que desencadena respuestas de lucha o huida que, literalmente, evitan el aprendizaje.

En general, el reto de trabajar con hombres para obtener un cambio es integrar en nuestra labor una comprensión de las experiencias contradictorias que tienen los hombres en relación con el poder. Esto implica que debemos ser implacables al desafiar las actitudes y comportamientos opresivos en los demás y en nosotros mismos. Pero, al mismo tiempo, debemos hacerlo con compasión y empatía.

¿Cómo observas el futuro de los estudios sobre hombres y masculinidades?
Estoy increíblemente emocionado. Un puñado de nosotros comenzamos, de manera independiente, nuestro primer estudio en el campo a principios de los ochenta porque, literalmente, casi no había trabajos académicos sobre hombres y masculinidades y existía muy poca literatura popular de calidad. Ya en los noventa, era posible conocer a todos los que trabajaban en el campo, al menos a aquellos que escribían en los idiomas que conocías. ¡Ahora es tan diferente!


  • Versión editada de la entrevista publicada en Gender Sexuality & Feminism, 13 de mayo de 2013. Centro de Estudios de las Mujeres, University College Dublin, Irlanda.

Traducción: Rogelio Rivera Melo

FUENTE: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/06/ls-portada.html

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116 comentarios to “Hombres, Poder y Estatus. Un análisis de la violencia de género.”

  1. Hugo Rafael Córdova 8 junio, 2014 a 6:32 pm #

    En primer lugar Juan, este es el tercer intento que hago de poder escribir el comentario, el primero fue el día 30 de mayo, creo que no se pudo enviar por la configuración de la red del ministerio de gobernación tiene muchas restricciones, pero nuevamente aquí va el comentario:

    Generalmente al escuchar sobre La violencia de género, se tiene la idea que es la violencia masculina en contra de mujeres, pero como lo describe en la entrevista Michael Kaufman, es también la violencia ejercida en contra de hombres; Y en no muy pocos casos ejercida por mujeres también. Creo que una visión errada de algunas feministas que luchan por erradicar el Patriarcado, asumiendo ellas mismas la violencia de género, para mantener los espacios de poder que han ido conquistando, LO ÚNICO QUE HACEN ES DARLE VUELTA A LA TORTILLA, esto es evidente al observar las actitudes en algunas mujeres que participan desde posiciones político-partidaristas, ejemplos hay pero no viene al caso.
    No me cabe ninguna duda que una relación de igualdad y equidad de género entre hombres y mujeres, será posible, solo si desde el núcleo familiar educamos a los niños y niñas, eso pasa por enseñar con el ejemplo; hay una frase famosa que dice que “Hacer es la mejor manera de decir” (Poeta Cubano); es decir, enseñar haciendo las cosas, obrar con el ejemplo.

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    • CoMEGén 13 junio, 2014 a 3:20 pm #

      Gracias por su comentario.
      En todos los ámbitos de la vida hay variedad de posiciones políticas que van de un extremo a otro. El caso del feminismo no es la excepción a esta situación, así como tampoco es la excepción, la situación de los hombres, que van desde una posición completamente cerrada y mantener su patriarcado, hasta una posición de equidad. En este sentido hay hombres que señalan con miedo este interés dogmático de las feministas ortodoxas por darle vuelta a la tortilla. Así como cada mujer tiene derecho a adoptar una posición respecto a la lucha por la equidad, también cada hombre tiene derecho a hacerlo, pero habría que preguntarnos si tales posicones responden adecuadamente al respeto a los derechos de las mujeres. El problema entonces consiste en hacer justicia y respetar los derechos de las mujeres.

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  2. Milagro Aracely Pineda chicas. 6 junio, 2014 a 11:05 am #

    acerca del planteamiento del autor sobre la violencia de genero que como hemos notado se ejerce no únicamente por parte de los hombres a las mujeres sino que también por parte de los hombres hacia los propios hombre o cualquier grupo vulnerable, creo que esta violencia ejercida a través de la historia, se resume a que el ser humano sin valores y sin principios basados en su igualdades, libertades y derechos, no pueden formar una sociedad justa ni humana, ya que “el hombre se convierte en el lobo del hombre”; esto nos llama a una profunda reflexión sobre el rumbo y sobre el propósito de vida de cada uno, ya que solo en la practica de la igualdad, justicia, respeto irrestricto de los derechos de todos y todas, podemos forjar nuevas generaciones, que a través de la participación ciudadana, las comunidades, el estado, la familia, en primer lugar nos informemos y nos formemos nuevas hegemonías nuevas formas de convivencia basadas en el respeto y la igualdad de todos los seres humanos, para trasmitir con el ejemplo a nuestros descendientes, compañeros de trabajo, colegas, en fin toda persona con quien nos relacionemos. Es lamentable lo que adiario se vive con esta tipo de violencia de genero, ante esta problematica no hay un antidoto seguro, lo que único que debemos de hacer es de poner de nuestra parte para cambiar la historia, pero esto es de tener conciencia social para erradicar este tipo de situación.

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  3. Ana María Nuñez 3 junio, 2014 a 10:08 pm #

    Buen Día: Facilitador y compañeros del Diplomado. Interesante lectura.
    El patriarcado es una ideología, la cual las personas desde la antigüedad se apropiaron, el hombre como una forma o herramienta para ejercer su poder o resistencia y la mujer, para someterse frente a este. Aunque ese poder y resistencia no fue solo contra la mujer sino contra los mismos hombres y la niñez.
    Pero como dice el Sr. Kaufman será realmente poder o MIEDO, miedo a no ser un hombre verdadero desde el punto de vista Patriarcal.
    Nuestro cambio debe ser radical, apropiarnos de la equidad de género como herramienta fundamental, iniciado por mí, y luego por el contexto familiar y social.
    Recordemos que debemos ser implacables al desafiar las actitudes y comportamientos opresivos, pero debemos hacerlo con compasión y empatía.
    Para lograr nuestra meta de IGUALDAD DE GENERO debemos cimentarlo desde la niñez a las nuevas generaciones.

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    • CoMEGén 5 junio, 2014 a 7:54 pm #

      Gracias por su comentario.
      De acuerdo, debemos cimentarlo desde la niñez. Y esto sólo podemos hacerlo si comenzamos el cambio por nosotros mismos, y a partir de ahí lo fomentamos en las nuevas generaciones, en los niños y niñas que están a nuestro alcance, hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas, etc.

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  4. MANUEL DE JESUS PORTILLO 3 junio, 2014 a 12:07 pm #

    El hombre es violento porque se considera superior a la mujer y por el arraigado machismo que impera en nuestras sociedades.-Ademas ejerce violencia para conseguir y ejercer el poder y tener el control social.-

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    • CoMEGén 5 junio, 2014 a 8:00 pm #

      Gracias por su comentario.
      Y ¿cómo podemos comenzar a cambiar esto?

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  5. Maura Yanira Maldonado 3 junio, 2014 a 12:00 pm #

    Buenas Tardes Compañeros y compañeras del diplomado y facilitadores
    Según Michael Kaufman, La violencia se da en los Hombres y Mujeres, pero más en los Hombres que quieren mantener el poder y demostrarles a otros Hombres que son verdaderos hombres, El patrón cultural de conducta machista y dominante de ejercer hegemonía; la violencia de género no solo es discriminar, soportar golpes, castigo ó agresión físicamente. la violencia de niños, niñas y adolescentes la podemos evitar cambiando el poder patriarcal en la sociedad y así evitar la violencia de genero.

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    • CoMEGén 5 junio, 2014 a 8:02 pm #

      Gracias por su comentario.
      ¿Qué necesitamos hacer para no seguir manteniendo ese patrón cultural?

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